Una escapada de película en la Montaña Palentina

Una de las mayores sorpresas que te puedes encontrar en esta tierra es, sin duda alguna, la Montaña Palentina. Un lugar mágico donde nacen ríos como el Carrión o el Pisuerga, que dejan reposar sus aguas en los embalses de Camporredondo, Compuerto, Requejada y Ruesga.

Recorrer la Montaña Palentina es un placer indescriptible, cimas de más de dos mil metros, con picos como el Curavacas, el Espigüete o Peña Prieta. Rutas de senderismo por bosques encantados como la Tejada de Tosande, lagos y cascadas como Mazobre o el espacio natural de Covalagua, territorio geológico con valoración internacional, como Las Tuerces, el Cañón de La Horadada o la Cueva de los Franceses, enclavados en el Geoparque Mundial UNESCO Las Loras.

Y si de naturaleza hablamos, y del Geoparque Mundial de Las Loras, es preciso hacer una parada en la Cueva de los Franceses, formación kárstica, con un recorrido visitable de unos quinientos metros, donde se contemplan estalactitas, estalagmitas y coladas, que el tiempo y el agua han creado bajo el suelo del Páramo de La Lora (+ info y reservas, 659 94 99 98), sin olvidar  el menhir de Canto Hito, el Pozo de los Lobos o el Mirador de Valcabado.

Los senderos en la Montaña palentina son numerosos, el Valle de Pineda, la Cueva del Cobre, la ruta del Oso o el Roblón de Estalaya, son algunos de los ejemplos que pueden servir a los andarines a adentrarse en esta bella comarca palentina. Y unida al arte, la Senda de Ursi, concebida como un homenaje a este escultor palentino, con 31 obras de arte a lo largo de su recorrido, sin duda un museo al aire libre.

Románico

Esta zona atesora además una de las concentraciones de románico más significativas de Europa, pequeñas iglesias de concejo, que han sobrevivido al paso de los siglos y que salpican sendas y caminos.

Fotografía de Juan García Lucas

Para acceder a este territorio, para guiar al viajero en su recorrido, la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico creó el centro expositivo Rom: románico y territorio, ubicado en el Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Hoy por hoy, el centro constituye la puerta de entrada a este País Románico, poblado de templos, monasterios, leyendas e historias que nos asaltan a cada paso, en cada rincón del camino.

Historias como la de la iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor en Olleros de Pisuerga, un templo rupestre que presenta la excepcionalidad de plasmar los volúmenes románicos en la propia roca, singularidad para nada habitual que la convierte en una joya única. Además de su esencia románica conserva pinturas murales, leves retazos de otras épocas, de otro tiempo que salieron a la luz durante la restauración abordada en el Plan Románico Norte.

Y si de regresar al sosiego del Medievo se trata, no hay mejor lugar que el Monasterio cisterciense de San Andrés de Arroyo, fundado en el siglo XII por Mencía de Lara y siempre ocupado por monjas, quiénes al mandato del Ora et Labora atienden a la labor espiritual, deleitan con su repostería y guían a los visitantes a través de su soberbio claustro románico, auténtico muestrario de las más bellas filigranas plasmadas en piedra.

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