Del Fuero de Brañosera a la Constitución

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Hoy 6 de diciembre de 2018 se cumplen 40 años desde que los españoles, por abrumadora mayoría, liberados del yugo de una férrea Dictadura, diéramos nuestra aprobación en referéndum a la Constitución Española, la gran Carta Magna, alumbrándose así un período en el que nuestro Gran País, España, ha ido regresando de forma paulatina hasta ocupar un lugar destacado junto a las naciones más desarrolladas del Planeta, comenzando así un período de modernidad y de libertades y aportando así un marco normativo sólido a sus instituciones, la base sobre la que se ha construido un Estado democrático y de Derecho estable.

El consenso con el que fue elaborada durante la Transición para llevar a cabo una difícil política de reformas, a pesar de llevar aparejadas ciertas imperfecciones, hizo que España recuperase su prestigio internacional. Así adquirió crédito económico, y lo que fue más importante, crédito como nación en el mundo.

Conmemorar la Constitución de 1978 es celebrar el progreso de España, un progreso al que las Entidades Locales han contribuido de manera decidida desde la proximidad a los ciudadanos. Pero fundamentalmente, conmemorar la Constitución significa rendir homenaje a los españoles que, guiados por este texto, han optado con sabiduría por la democracia y el Estado de Derecho.

Muchos siglos antes, el Fuero de Brañosera era un pacto de convivencia para unas gentes que vivían en una sociedad casi tribal. A partir de aquí se formaron condados, éstos dieron lugar a las monarquías y el conjunto de varias coronas que acabó conformando la España moderna: en paralelo, las normas que regulaban la convivencia se enriquecieron, matizaron y evolucionaron hasta adquirir una enorme complejidad.

Poco se parece aquel Primer Fuero de España, un escueto documento redactado el 13 de octubre del año 824 a la Constitución Española de 1978 y todo su desarrollo legislativo. Sin embargo, el fuero de Brañosera contiene los elementos fundamentales del genio europeo, con los que nuestra civilización se abrió al Mundo con inteligencia y humanidad. En realidad, es un símbolo de la personalidad europea con la que las libertades se alcanzan cuando el esfuerzo solidario vence las dificultades. Sin aquella carta foral como primer documento que recoge por escrito unas normas de convivencia, unos derechos y unas obligaciones de un grupo de montañeses, tampoco se hubiera llegado a la actual carta magna que, al fin y al cabo, regula igualmente los principios básicos de la convivencia, los derechos y obligaciones de todos los españoles.

Con la perspectiva de los 40 años transcurridos, hoy celebramos esa herencia, ese hilo conductor que se ha mantenido vivo a lo largo de doce siglos. Celebramos que la Historia es maestra de vida y que nada surge por generación espontánea, sino que todo tiene un origen, y lo pregonamos y lo divulgamos para que una parte importante de la población actual, que no vivió aquellos años, pueda valorar aquel pasado que alumbró una época de esplendor en nuestro País, para que sean conscientes de que lo que tenemos es fruto de aquella época y para que todos nos demos cuenta que estudiar el pasado es imprescindible para entender el presente y para planificar el futuro.

Justo es reconocer en el árbol genealógico de nuestra Constitución el gen del Fuero de Brañosera, un hito especialmente señalado en los orígenes de España y la cuna del municipalismo.

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